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Anoche soñé que agarraba su mano y juntos caminábamos sobre el aire, todo el peso del tiempo se relativizaba queriendo desaparecer. Entonces me di cuenta de que presente y futuro perfecto eran espacios verbales distintos. Y tuve que soltar su mano.

Mientras yo caía al suelo, la veía a ella alejarse, flotando etérea sobre su nube de dolor. La caída me hizo despertar, ser consciente de la nada entre mis sábanas. No me rozaba su mano, ni ninguna otra mano que se le pareciera.

Estaba erecto. Me masturbé pensando en ella, imaginándola ausente, sentada sobre mí. Tras el orgasmo, entré otra vez en un estado de dulce sueño. Regresé buscando en la nada aquella mano que me volviera a hacer caer.


 
 
Current Music: Opeth - Ghost of perdition
 
 
08 August 2005 @ 05:17 am
Hace un año, creo que por estas fechas, me encontraba en mi casa viendo la película Relámpago sobre agua, codirigida por Wim Wenders y Nicholas Ray. Muchos fueron los ríos de tinta vertidos en su día en torno a éste film, acusándolo de ser un morboso y complaciente ejercicio en que Wenders se aprovechaba de la enfermedad terminal de Ray para ver catapultada su carrera como cineasta, buscando un éxito fácil no exento de polémica.

Creo que el tiempo ha acabado poniendo a cada cual en su sitio, y Relámpago sobre agua es uno de los mayores actos de amor que se han hecho por el cine. Esta noche quería hablar de en que modo, de forma inesperada, esta película alteró mi vida por completo, de como acabó desencadenando algo que llevaba hace tiempo gestándose en mi interior.

Para quien no conozca la película ni la figura de Nicholas Ray, decir que en su día fue uno de los directores de Hollywood mejor pagados, gracias a éxitos de taquilla como Rebelde sin causa o Rey de reyes. Con el tiempo, Ray fue cayendo progresivamente en el alcoholismo, lo que unido a su tumultuosa personalidad, le acarreó no pocos problemas a la hora de poder sacar adelante sus proyectos. Poco a poco, se fue labrando una reputación de director conflictivo, camorrista durante los rodajes, sacando de quicio a más de un productor y más de dos. Hasta tal punto que acabó siendo despedido en pleno rodaje de 55 días en Pekín, no llegando a poder concluir en toda su carrera ninguna otra película, aunque su amor por el cine le llevó a intentar sacar adelante otros proyectos no exentos de ambición.

Para alguien que amaba de tal forma el cine, porque como decía Jean Luc Godard, Nicholas Ray es el cine, fue muy doloroso tener que salir por la puerta de atrás de semejante manera, y más alguien que había alcanzado lo más alto de la cima, dando luz a una de las películas más míticas de la historia, parte de la cultura popular de nuestros días, Rebelde sin causa.

Con los años, Nicholas Ray logró abandonar su problema con el alcohol, tras varios años de rehabilitación. Pero la vida no iba a dejarle relajarse, ya que al poco tiempo le diagnosticaron un cáncer de estómago, que iniciaba la cuenta atrás para su muerte.
Nicholas Ray sólo soñaba con poder dirigir otra película antes de morir, tras ver fracasados tantos otros proyectos en esos años, así que en la etapa más terminal de su enfermedad, decidió llamar a su amigo y también director Wim Wenders para que le ayudara a rodar su última película, y la terminara él en caso de que muriera. Ambos se habían conocido antes durante el rodaje de El amigo americano, donde Wenders usaba a Ray de actor para escenificar a un pintor que se dedicaba a falsificar sus propios cuadros para robar los auténticos y venderlos en el mercado negro. La idea de Ray era continuar la historia de ese personaje falsificador de sus propios cuadros. Hablando con Wenders de qué filmarían, Ray sólo imaginaba que al final de la película, quería que apareciera una golondrina (un hermoso barco chino) surcando las aguas del río de Manhattan.

Pero toda esta planificación fue en vano, porque Nicholas Ray acabaría poniéndose mucho peor, a un paso de la muerte, y lo que empezaban a grabar iba tomando la forma de un agónico documental sobre el sufrimiento y la enfermedad de Ray. Aquí es donde Wenders empezó a sentirse mal, sentir que lo que hacía no era lo correcto, le pidió a Ray que por favor pararan. Y aquí es donde Nicholas Ray demostró su vitalidad infinita, su profundo amor al cine, que era más poderoso que la vida (parafraseando el título de otra de sus películas). Amaba tanto el cine, que hasta de su propia muerte quería hacer una película, aunque fuera actuando agonizante, retorciéndose del dolor.

Nicholas Ray fallecería durante el rodaje de este experimento cruce de ficción y documental, y Wim Wenders, cumpliendo el último sueño de su amigo, puso la urna de sus cenizas en una Golondrina, surcando las aguas del río de Manhattan, mientras un helicóptero lo filmaba desde el aire. De ahí el título de la película inglés, Ray over water, rayo sobre el agua, relámpago sobre agua, un hermoso juego de palabras digno de la fuerza poética de la que siempre hizo gala Nick en su cine.

Viendo esta película, yo estaba realmente emocionado ante la firmeza y coraje de Ray, su fortaleza para pese al cáncer, pese a quedarle unos suspiros de vida, emplearlos en aquello que más amaba, aquello que había dado sentido a su vida, aquello que tanto le dolió perder.

Cuando la veía por primera vez hace un año, como decía, ocurrió algo que cambiaría el curso de mi vida. A mitad de película, conmocionado ante la refulgente figura de Ray, vi sonar el móvil en la mesilla de mi habitación. Hice una pausa momentánea en el DVD, y fui a ver el teléfono, me habían enviado un mensaje, un mensaje misterioso que acabaría trastocando todos mis planes de futuro.

A veces, parece como si en la vida todo estuviera escrito de antemano. Hacía meses, había conocido a una mujer llena de misterio, su nombre era María, habíamos hablado unas pocas veces muy fugazmente, aunque habían sido conversaciones muy profundas. Al parecer, ella tenía una especie de intuición para ver dentro de las personas, leer su futuro. Yo a ella, nunca le había contado mi amor por el cine, nunca le había hablado de cine. Ni le había dicho que me gustaba escribir, y mis sueños de futuro por entonces estaban muy alejados de cualquier tipo de actividad artística. Además, llevaba mucho tiempo sin saber de ella.

Pero sorprendentemente, esa noche me mandaba un mensaje, se acordaba de mí, y me decía en su mensaje: “Acabo de ver tu futuro, serás un guionista de cine famoso, que ganará muchos premios”. Tal vez por toda la emoción contenida de la película que había estado viendo, mi respuesta inmediata estuvo llena de ira, de orgullo. Sin ser muy consciente de lo que le respondía en otro mensaje, simplemente le dije: “No, yo no seré guionista de cine, eso para mí sería un fracaso, yo seré director de cine”.

Y después, cuando reflexioné sobre lo que había escrito, impactado por la fuerza irrenunciable a la hora de luchar por sus sueños de Nicholas Ray, decidí que aunque fuera lo último que hiciera, yo también entregaría mi vida al cine, hasta el último suspiro.
Y ahora, estoy inmerso en esa lucha, sacando proyectos adelante, cada vez más cerca de acariciar mi objetivo. ¿Fue esa premonición la que me empujó al cine, o mi acercamiento al cine el que desencadenó la profecía?.

Sólo sé que gracias a Nicholas Ray, decidí que..... yo también quiero ser un relámpago sobre agua.

 
 
Current Music: King Crimson - The Power to Believe III
 
 
07 August 2005 @ 09:32 pm
Siempre he odiado los hospitales, con sus insoportables paredes de color blanco inmaculado, blanco inexistencia, blanco ausencia de color. La gente asocia con la nada y el dolor el color negro, pero el negro no puede ser la nada, el negro es la suma de todos los colores luchando por eclipsarse los unos a los otros, el azul tristeza enfrentado al rojo pasión, el verde clorofila de un frondoso árbol contra el azul oxigenado que le hace crecer. El verde alzándose hasta el cielo para intentar acariciar el azul. El negro es ese equilibrio perfecto entre los tres colores que se entremezclan para dibujar nuestros recuerdos, dar textura a una piel salada, brillo a unos ojos soñadores.

No es casual que las paredes de un hospital sean siempre de color blanco aséptico, porque la nada es un infinito abismo blanco. Así, cuando el enfermo da su última exhalación de vida, no hay un salto brusco. La caída al vacío es menos angustiosa. Sólo cambia que todo es más cegador; es un blanco cegador que no se parece a ese negro que se materializa en nuestra retina al cerrar los ojos, distinguiéndose formas abstractas de color rojo luchando por revelarse. En ese blanco cegador sería imposible adivinar ninguna forma, es un blanco distorsionándose ante la ausencia de aire en nuestros pulmones, es un blanco del que no se puede escapar aunque se cierren los ojos, que se filtra abrasando el tejido de nuestros párpados. Una última mirada al vacío, una mirada que se extiende hacia la eternidad.

Me dan miedo los hospitales, siento terror ante las agujas. No imagino estar en una habitación blanca, un quirófano blanco, con unas enfermeras vestidas de blanco disponiendo de mi cuerpo, forzando mi respiración, la punzante aguja de un suero inyectada en mi piel. O sí lo imagino, y por eso, empiezo a marearme.

 
 
Current Music: Antonio Vega - Tuve que correr